Canarias: del corazón

Algunas veces miro para atrás y comparo lo que fui con lo que pude haber sido. Sobre todo cuando hace tiempo que no veo a la gente de mi edad y me encuentro con alguien del barrio.

Qué gordos y envejecidos me parecen todos menos yo. La Piba que me gustaba, ¡cómo se ha puesto! Suerte que fue un amor pasajero ¡Menos mal que esta barriguilla que llaman de la felicidad me hace volver de tan soberbios pensamientos!

Ahora cada uno está en lo que está, pero yo los ubico allí, en el barrio, tarde tras tarde en la puerta del Bar del cubano o en el muro.

Cuando recuerdo cómo me defendían de quien fuera cuando íbamos a las verbenas de otros barrios, me doy cuenta de que nunca más alguien dio la cara por mí de esa manera.

Leer más

Hay mucho que agradecer a la joven tierra volcánica su providencial cobijo y a las lluvias que dan vida, aun con irregularidad, a las sementeras más inhóspitas.

Muchos factores benefician el pletórico advenimiento que puebla a Tenerife del maravilloso árbol del almendrero. Pero falta uno: el factor humano. Es casi generalizada la poca a atención que se presta a los almendreros. Un sector que tuvo una gran impronta en la producción agrícola de la isla a finales del siglo XIX, que ha sido clave en la agricultura de subsistencia de comarcas tradicionalmente áridas del suroeste y medianías altas del sur de Tenerife y que últimamente ha reducido su notoriedad solamente a su espléndida floración.

Leer más

Páginas